Entre las filas del Partido Popular se habla de impulsar la llamada Diplomacia Económica, reformando el servicio exterior y abogando por políticas que mejoren y no comprometan el desarrollo económico. Iñigo Méndez de Vigo, hombre de confianza de Margallo, será Secretario de Estado para la Unión Europea dejando su cargo como portavoz y coordinador de del Partido Popular Europeo en la Comisión de Asuntos Constitucionales. Licenciado en Derecho y ligado a la enseñanza de derecho Constitucional y Comunitario, Íñigo Menéndez se perfila como la mano derecha del ministro y principal representante en Europa.
A luz de la actual situación económica de la Unión, el nuevo Presidente, Mariano Rajoy, ha declarado que se debe “impulsar un euro estable, base del crecimiento y al estabilidad económica” y ha confirmado su empeño por aportar soluciones y liderazgo además de por favorecer que la Unión Europea recupere su confianza en España. En una de sus primeras intervenciones públicas el nuevo ministro de economía, Luis de Guindos, ha asegurado que España volverá a “los niveles de prosperidad que nunca debería haber perdido”.
Y es que la política exterior es históricamente, una carta importante en la baraja de cada gobierno, que, más allá de su signo político, suele pretender devolver a la península algo de su antiguo esplendor. Parece que son estas las pretensiones del nuevo ejecutivo, que busca no sólo empezar a contar en Europa, sino afianzar las relaciones con Estados Unidos, Latinoamérica y Marruecos. Se recupera por ello la Secretaría de Estado para Latinoamérica, que junto a la Secretaría de Estado para la Unión Europea y la de Asuntos Exteriores y de Cooperación completan la estructura del Ministerio. Se echa en falta la posición en las relaciones con los países del norte de áfrica y los gobiernos o administraciones nacidos de la primavera árabe.
La noticia del nombramiento de García Margallo ha sido acogida con optimismo en Europa y algunos medios extranjeros han definido al nuevo ministro como un político responsable y comedido, Le Figaro se refiere a él como “enamorado del consenso y la concertación”. Mariano Rajoy, en cambio, es visto con más reticencia y a pesar de su apariencia seria y comedida -probablemente de agradecer en estos tiempos convulsos-, sigue siendo un presidente incapaz de comunicarse en inglés, no demasiado elocuente y con poco carisma.
En sus primeras intervenciones públicas, Mariano Rajoy ha reiterado que tiene ideas “claras y reconocibles”, explicando objetivos sin precisa los medios para conseguirlos. En general parece que Europa está contenta no tanto con el nuevo ejecutivo como con un esperado plan de austeridad ya anunciado pero que se detallará y comenzará a poner en práctica durante el año.
De momento todas las esperanzas se fijan en frenar la recesión y asegurar el euro, para lo que se requiere un trabajo conjunto de líderes políticos y expertos a nivel comunitario. Desde España el nuevo ejecutivo abraza la idea del nuevo tratado, apoyando los compromisos de disciplina fiscal y el mismo presidente ha declarado que España estará en “primera línea”. Será el tiempo el responsable de dictar si se cumplen los ambiciosos objetivos trazados por el nuevo gobierno.


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Erstes Ziel: Europa

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